Las víctimas en el centro: Nuestro compromiso con la Paz
Colombia ha vivido todos los horrores del conflicto armado. Durante décadas, la violencia ha afectado a millones de colombianos y colombianas: desplazamiento forzado, asesinatos, desapariciones, y comunidades enteras sometidas al miedo, la exclusión y la violencia.
El Punto 5 del Acuerdo Final de Paz, suscrito entre el Gobierno Nacional y las extintas FARC-EP, reconoce esta realidad. También reconoce, el dolor histórico de comunidades campesinas, indígenas, afrocolombianas, negras, palenqueras, raizales y Rom. Por ello, más que un componente técnico, este punto representa una apuesta ética y política: poner a las víctimas en el centro de la construcción de una nueva Colombia.
Nuestro compromiso como firmantes de paz
El Acuerdo de Paz estableció el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR), una Acuerdo sin precedentes en la historia de la solución política de los conflictos en el mundo. Este sistema fue construido a partir de propuestas y recomendaciones recogidas directamente de las víctimas y de diversos sectores sociales, a través de diferentes mecanismos de participación promovidos por la Mesa de Conversaciones.
Desde la concepción y definición del Acuerdo, nuestro compromiso con las víctimas ha sido claro y firme. Como firmantes de paz, nuestra contribución constante al SIVJRNR es testimonio de esa voluntad inquebrantable. Creemos en la verdad, en la justicia, en la reparación y en la garantía de que el horror del conflicto nunca se repita. Avanzamos hacia una Colombia donde la paz con justicia social, política y económica sea una realidad duradera.
Es fundamental recordar que el Acuerdo no es un simple pacto entre el Estado colombiano y un actor armado, sino un compromiso para la construcción de una paz justa, que debe partir del reconocimiento pleno de las víctimas como el corazón del proceso. Sin ese reconocimiento y su participación activa, no existe una paz posible ni legítima.
Persistimos, a pesar de las dificultades
En el marco de la implementación del Acuerdo de Paz, uno de los desafíos más graves y difíciles de superar ha sido la violencia y la persecución contra quienes apostamos por la paz: más de 450 firmantes han sido asesinados desde 2016. Esta realidad compleja y dolorosa no ha frenado nuestro compromiso. Por el contrario, nos reafirma en la convicción de que el camino de la paz, la verdad y la justicia es irreversible.
¡Por las víctimas, por sus derechos, por la dignidad colectiva: seguimos adelante!

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